OMC - Lamy - Proteccionismo
30 de mayo de 2012
Lamy advierte sobre el proteccionismo
En un discurso pronunciado el 30 de mayo de 2012 en
Bangkok ante la Cámara de Comercio de Tailandia, el Director General, Pascal
Lamy, dijo lo siguiente: “El proteccionismo es como el colesterol: la lenta
acumulación, desde 2008, de medidas restrictivas del comercio —que hoy en día
abarcan casi el 3 por ciento del comercio mundial de mercancías y casi el 4 por
ciento del comercio del G-20— puede provocar una obstrucción de las corrientes
comerciales.” El Director General dijo lo siguiente:
Señoras y señores:
Es un verdadero placer estar hoy con ustedes y compartir algunas opiniones
sobre el estado del comercio internacional y los desafíos a que hacen frente la
economía mundial y la OMC.
Las empresas -grandes y pequeñas- son las que impulsan el comercio
internacional y para ellas se forjan las normas de la OMC. Así pues, es
importante que compartan con nosotros sus esperanzas, sus preocupaciones y las
expectativas que ponen en la OMC.
Comenzaré presentándoles un panorama del comercio mundial. Toda una serie de
conmociones posteriores a 2008 -la deuda de la crisis europea, la agitación en
los países árabes, el terremoto y el tsunami en el Japón y, por supuesto, las
inundaciones que sufrió este país a finales del año pasado- han causado una
contracción del comercio en 2011, que ha registrado una tasa de crecimiento del
5 por ciento, en comparación con un promedio del 6 por ciento en los últimos
15 años. Las previsiones para 2012 son incluso más moderadas. Se prevé que el
comercio mundial crezca más lentamente que en el pasado: menos del 4 por ciento
en volumen este año.
Esta desaceleración es consecuencia principalmente del lento crecimiento de
las economías avanzadas, en particular de la zona euro, que ha tenido
repercusiones para las exportaciones de las economías emergentes y en
desarrollo, en las que la contribución del comercio al crecimiento también
disminuye.
En estas circunstancias, cabría preguntarse: ¿cuál es el valor añadido del
sistema multilateral de comercio? ¿Y cuál es el papel que la OMC debe desempeñar
en un contexto tan difícil?
Al supervisar las normas por las que se rige el comercio internacional, la
OMC garantiza la apertura, la transparencia y la previsibilidad que ustedes
necesitan para realizar negocios a través de las fronteras. En una economía
mundial cada vez más globalizada e interrelacionada, un sistema comercial
mundial basado en normas les asegura un entorno estable para que puedan llevar a
cabo sus actividades. La OMC es, en gran medida, una garantía contra sorpresas
desagradables.
Existe un consenso generalizado de que el sistema multilateral de comercio ha
demostrado su utilidad en el contexto de la crisis financiera mundial más
reciente. Y no es la primera vez que lo hace. La crisis financiera asiática de
1997 también puso a prueba la solidez y la integridad de las normas de la OMC y
brindó a los gobiernos de la región un apoyo muy necesario frente a las
exigencias proteccionistas de poderosos grupos de presión nacionales. Dicho de
otro modo, la OMC, gracias a su función de vigilancia y supervisión, ha logrado
mantener a raya las peores presiones proteccionistas y ha ayudado a los
gobiernos a mantener abiertos los mercados. Pero no es el momento de darse por
satisfechos. La crisis sigue con nosotros. Con unas tasas de desempleo que
siguen siendo elevadas, no podemos permitir el resurgimiento del proteccionismo,
que causaría un deterioro aún más grave del entorno económico actual.
No obstante, hemos sido testigos recientemente de algunos fenómenos
preocupantes que figurarán en el informe que la OMC publicará a fines de esta
semana. Hay puntos sombríos y otros que relucen. Pero los puntos relucientes
pierden su brillo y los sombríos son cada vez más oscuros.
Un punto reluciente en esta región es la normalización progresiva del
comercio entre la India y el Pakistán que han fomentado los dirigentes de ambos
países.
Los puntos sombríos son, lamentablemente, más numerosos: el renacer de la
retórica proteccionista, las declaraciones a favor de políticas de sustitución
de las importaciones, medidas administrativas más o menos transparentes,
concesiones fiscales, subvenciones, preferencias nacionales en la contratación
pública.
El proteccionismo es como el colesterol: la lenta acumulación de medidas
restrictivas del comercio desde 2008 -que ya abarcan casi el 3 por ciento del
comercio mundial de mercancías, y casi el 4 por ciento del comercio del G-20-
puede dar lugar a la obstrucción de las corrientes comerciales.
El panorama comercial mundial también está cambiando y es muy diferente del
que era hace tan solo 15 años. Han aparecido nuevos protagonistas en el
escenario mundial, como China, la India, el Brasil, Indonesia y muchos más.
Las economías asiáticas han contribuido especialmente a este desplazamiento
del punto de equilibrio y se han convertido en motores del crecimiento
económico; China ha superado a Alemania en 2009 como principal exportador
mundial de mercancías.
La aparición de nuevos protagonistas ha obrado un cambio en las pautas del
comercio. En los últimos 10 años, la participación de los países en desarrollo
en las exportaciones mundiales de mercancías ha aumentado considerablemente, en
unos 10 puntos porcentuales. Con el descenso del crecimiento de la demanda en
los países desarrollados, las empresas buscan con ahínco nuevas oportunidades en
los países en desarrollo. Lo mismo puede afirmarse en el caso de Tailandia, país
cuyas exportaciones a los países desarrollados han aumentado a un ritmo más
lento en comparación con las destinadas a otros países asiáticos y cuyo
principal destino de exportación es ahora China y ya no los Estados Unidos.
A medida que los países en desarrollo se integran más en el comercio
internacional, la importancia del comercio Sur-Sur aumenta con rapidez: hoy día,
más de la mitad del comercio de los países en desarrollo es Sur-Sur. Los países
en desarrollo también son ya, cada vez más, destinos principales de las
exportaciones de los países menos adelantados (PMA). Actualmente China es el
primer destino para las exportaciones de los PMA, por delante de los Estados
Unidos y la UE, y la propia Tailandia es el quinto destino de las exportaciones
de productos de los PMA.
En la Conferencia Ministerial de la OMC celebrada en Hong Kong en 2005, los
Ministros se comprometieron a integrar a los PMA en el sistema multilateral de
comercio y convinieron en que los países desarrollados Miembros, y los países en
desarrollo Miembros que estuvieran en condiciones de hacerlo, otorgaran acceso a
los mercados libre de derechos y de contingentes a los productos originarios de
los PMA. Habida cuenta de la ya elevada proporción del comercio entre su país y
los PMA, deseo alentar a Tailandia a que ofrezca una apertura más amplia del
mercado a este grupo de países a través de la aplicación voluntaria de un
régimen libre de derechos y de contingentes. Ello beneficiaría indudablemente a
los PMA, pero también beneficiaría a la economía tailandesa, ya que las empresas
de su país podrían acceder a más recursos a precios más bajos y aumentar aún más
su competitividad.
Esto me lleva a otro aspecto del panorama comercial en evolución: la
expansión de las cadenas de producción integradas a nivel mundial. Y en ningún
otro lugar es más evidente este fenómeno que en la región de Asia. La mayoría de
las economías asiáticas han podido adaptarse rápidamente a una evolución de la
estructura de la demanda que exige que las empresas busquen para distintas fases
de sus procesos de producción los mercados más eficientes en relación con los
costos. El alto grado de complementariedad entre las economías de esta región ha
constituido una base ideal para la ascensión de lo que se ha venido a denominar
“Asia Industrial”, donde piezas y componentes circulan por redes de producción
transfronterizas antes de ser montadas y exportadas para el consumo final. Esto
ha brindado oportunidades de mercado a países con una base de exportación
estrecha. Los productos ya no están “Fabricados en China” o “Fabricados en el
Japón”; ahora, cada vez más productos están “Fabricados en el Mundo”.
Las economías están cada vez más interconectadas a través de cadenas de valor
mundiales, lo que se hizo patente durante las inundaciones que sufrió su país en
noviembre de 2011. La catástrofe causó la muerte de centenares de personas y
dañó gravemente la infraestructura y la producción de Tailandia, haciéndose
sentir en su economía. Pero el efecto de las inundaciones también se hizo sentir
a nivel mundial, con su impacto en las cadenas de producción de todo el mundo,
especialmente en el caso de los discos duros y los componentes de
automóviles.
La adición de valor que se produce a lo largo de las cadenas de valor
integradas internacionalmente tiene una serie de consecuencias para el diseño de
las políticas comerciales generales. Pero también afecta a las políticas
comerciales específicas y exige que ajustemos nuestro concepto del comercio.
Hoy día, la competitividad de una empresa no depende solo de su propia
productividad, sino también de la competitividad de sus proveedores y del acceso
a servicios y a infraestructuras eficientes, lo que supone que la competitividad
en la esfera de las mercancías está vinculada más estrechamente a la
competitividad en el sector de los servicios. También significa que las
importaciones cuentan tanto como las exportaciones, en contra del antiguo
mercantilismo, según el cual “las exportaciones son buenas y las importaciones
son malas”. En este contexto, es evidente que las medidas proteccionistas -de
cualquier forma que se encubran- encierran el potencial de causar un perjuicio
incluso más grave que en el pasado.
Por último, dado que una proporción considerable del comercio internacional
se compone de bienes intermedios y servicios, es importante que los encargados
de las políticas comerciales examinen las condiciones que facilitan el buen
funcionamiento de las transacciones transfronterizas. Las medidas de
facilitación del comercio que reducen los trámites y racionalizan los
procedimientos aduaneros tienen un gran valor sistémico para el buen
funcionamiento de las cadenas de valor regionales y mundiales. El transporte, la
logística y la conectividad regional también son importantes.
Tailandia, que es una economía sumamente orientada al mercado, ha realizado
extraordinarios progresos en esta esfera: ha adoptado procedimientos de
importación sin papel y tiene la intención de adoptar un servicio de ventanilla
única. Tailandia también goza de una red de infraestructura sólida y participa
en programas de conectividad más amplios en la región. Sin embargo, la
eficiencia de los procedimientos aduaneros y de la infraestructura de sus
interlocutores comerciales también es importante para la competitividad de sus
empresas. Por eso, la cooperación multilateral es importante. Por eso, un
acuerdo de la OMC sobre la facilitación del comercio beneficiará evidentemente a
todos los Miembros de la OMC. Por eso, una empresa, grande o pequeña, se
beneficiará de un acuerdo sobre facilitación del comercio en el marco de la
OMC.
La expansión de las cadenas de valor mundiales se ha visto favorecida por
otro fenómeno importante: los adelantos de las tecnologías de la información. A
mediados de mayo, la OMC celebró el 15º aniversario del Acuerdo sobre Tecnología
de la Información y reflexionó acerca de la forma en que la eliminación de los
aranceles en el sector de la TI ha desempeñado un papel de vital importancia
para estimular la innovación, proporcionar un acceso asequible a las tecnologías
y contribuir al funcionamiento de otros sectores de la economía.
Con una cobertura del 97 por ciento del comercio mundial de productos de TI y
74 participantes, entre ellos Tailandia, el Acuerdo demuestra que la
liberalización del comercio puede generar resultados beneficiosos para todos y
servir de trampolín del crecimiento. Deseo elogiar a Tailandia por su
participación activa en esta esfera y confío en que Tailandia apoye una nueva
ampliación del Acuerdo sobre Tecnología de la Información.
Las nuevas tendencias del comercio internacional ponen de manifiesto que,
pese a la desaceleración económica mundial, el comercio sigue siendo un sector
vibrante que ofrece numerosas oportunidades de crecimiento, creación de empleo y
reducción de la pobreza. Esas oportunidades están ahí, pero las empresas,
especialmente las PYME, tienen dificultades para aprovecharlas. Por ello, la
pregunta es cómo podemos ayudarlas. Parte de la respuesta se halla en la
disponibilidad y asequibilidad de la financiación para el comercio. Como he
dicho en diversas ocasiones, la financiación del comercio es el aceite que hace
girar las ruedas del comercio mundial. Es una de las formas más seguras de
financiación, y tiene la ventaja de promover directamente el desarrollo a través
del comercio.
Lamentablemente, la crisis financiera ha tenido efectos desfavorables en la
disponibilidad y el costo de la financiación del comercio, especialmente para
las pequeñas empresas. Pese a la reaparición de la liquidez, el problema sigue
siendo la aversión al riesgo. Es importante que se adopten medidas para
facilitar el acceso de las PYME al crédito, de manera que puedan ser los motores
del saneamiento económico. Para lograr progresos en esta esfera, dependemos
mucho de la cooperación multilateral, en particular mediante la intervención de
los bancos regionales de desarrollo -en esta región, el Banco Asiático de
Desarrollo- y la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial, cuyas
intervenciones para paliar las deficiencias del mercado en materia de
financiación del comercio son dignas de elogio.
Por lo que atañe a la OMC, podemos contribuir también a la estabilidad
económica actualizando el acervo de normas de la Organización. En 2001, los
Miembros de la OMC iniciaron una ronda de negociaciones para revisar las normas
de la OMC y lograr que reflejaran la realidad del comercio internacional. Hoy,
pese a que las negociaciones se encuentran en un punto muerto, los Miembros
siguen reconociendo la necesidad de un ímpetu renovado en la cooperación
multilateral. Para encontrar un nuevo impulso, han decidido estudiar nuevos
enfoques de negociación que puedan despejar el camino hacia los resultados,
empezando por las esferas de negociación que pueden estar maduras para una
conclusión temprana.
Aunque no formaba parte de las negociaciones de Doha, en diciembre de 2011 se
realizó una contribución importante al comercio internacional, cuando un grupo
de Miembros de la OMC llegó a un consenso para revisar el Acuerdo Plurilateral
sobre Contratación Pública. El resultado de esta labor supondrá una competencia
mayor y más transparente en los procesos de contratación pública de las 42
partes en el Acuerdo y considerables beneficios en cuanto a oportunidades de
acceso a los mercados para las empresas, que se calculan en unos 100.000
millones de dólares al año. Al promover mejores disciplinas y más transparencia
en la adjudicación de contratos públicos, el Acuerdo de la OMC aporta beneficios
económicos y sistémicos importantes, ya que ayuda a asegurar la buena gobernanza
y un uso más eficiente de los recursos públicos. También supone un estímulo
económico por sus repercusiones en muchos sectores de la economía, incluidos los
proveedores de infraestructura, transporte público y otros servicios
públicos.
Es probable que la adhesión de nuevos Miembros al Acuerdo aumente los
beneficios que el nuevo acuerdo puede aportar. Algunos países, entre ellos
China, se encuentran actualmente en proceso de adhesión, y deseo aprovechar esta
oportunidad para alentar a Tailandia a que pase a ser observador en el Comité de
Contratación Pública a fin de familiarizarse con su labor y las oportunidades
que el Acuerdo ofrece.
Los hechos que acabo de exponer, así como otras cuestiones que exigen ya la
atención de la OMC ‑como el cambio climático, la seguridad alimentaria (incluida
la delicada cuestión de las restricciones a la exportación de alimentos) y el
comercio y la inversión- generan nuevos retos y nuevas oportunidades, no solo
para la OMC, sino también para los agentes económicos de todo el mundo. Creo que
es importante analizar y comprender mejor estas nuevas tendencias, Por esa
razón, a principios de este año convoqué un “Grupo de Reflexión de la OMC sobre
el Futuro del Comercio” para analizar los factores que impulsan el comercio de
hoy y del futuro y reconsiderar lo que significa la apertura del comercio en el
siglo XXI. La participación del sector empresarial aportará al Grupo la
experiencia y la contribución práctica que solo los verdaderos comerciantes
pueden proporcionar. Por este motivo, les ruego que me transmitan sus opiniones
y que participen en la modelación y la orientación del sistema multilateral de
comercio en el futuro.
Espero con interés oír sus opiniones sobre el comercio internacional y la
OMC.
Gracias por su atención.
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