OMC
– Rugwabiza - Proteccionismo
OMC:
NOTICIAS 2011
4
de noviembre de 2011
DIRECTORES
GENERALES ADJUNTOS
La
Directora General Adjunta Rugwabiza advierte que el proteccionismo perjudicará
al crecimiento mundial
En
un discurso pronunciado en la Universidad de Hong Kong el 4 de noviembre de
2011, la Directora General Adjunta Valentine Rugwabiza advirtió que “en las
circunstancias actuales sería un tremendo error recurrir a medidas comerciales
proteccionistas, lo que nos haría caer en el juego del mínimo común
denominador, en el que el perdedor sería al final el crecimiento mundial”.
Añadió que la influencia de Hong Kong, China en la OMC “se debe a que predica
con el ejemplo”.
Buenas
tardes, señoras y señores. Es un gran
placer para mí estar hoy aquí, y agradezco sinceramente al profesor Lim su
amable presentación y el apoyo prestado al facilitar mi alocución de hoy ante
ustedes.
Les
hablo en un momento de grave incertidumbre económica en el mundo. La recuperación de la crisis financiera ha
sido desigual, y algunos dirán que las proclamaciones de una rápida
recuperación fueron prematuras. El
desempleo persistente continúa y el ritmo del crecimiento mundial se ha
aminorado.
El
crecimiento del comercio internacional en 2010 dio lugar a una recuperación
inicial, particularmente en las economías emergentes y en desarrollo. Ese año, el comercio mundial creció a una
tasa récord del 14,5 por ciento, y en julio las exportaciones e importaciones
de los países en desarrollo habían superado sus niveles máximos anteriores a la
crisis. Ese crecimiento más rápido se
apoyó en un fuerte aumento del comercio Sur-Sur en el primer semestre de 2010. Sin embargo, las perspectivas son ahora algo
menos halagüeñas.
En
octubre la OMC revisó a la baja sus previsiones del comercio mundial para 2011,
reduciendo a un 5,8 por ciento el pronóstico inicial del 6,5 por ciento. En los últimos meses el comercio crece más
lentamente de lo previsto, los problemas cada vez mayores de muchas economías
desarrolladas con su deuda soberana y sus déficits fiscales insostenibles están
mellando la confianza internacional, y la recuperación que presenciábamos a
principios de año está en entredicho.
Y
la ciudadanía está reaccionando. En las
últimas semanas hemos visto imágenes de las protestas en Wall Street. El sentimiento compartido de frustración y la
falta de confianza en que los sistemas nacional e internacional sean capaces de
lograr el crecimiento y un desarrollo sostenible nos están llevando a lo que
algunos comentaristas llaman el “invierno global”. Pocos meses después de la “primavera árabe”,
cada vez es más evidente que una bolsa de descontento en una parte del mundo
puede multiplicarse y desencadenar un movimiento global.
Vivimos
en un espacio económico complejo, algunos dirían tumultuoso. La cruda realidad es que el multilateralismo
se encuentra en una situación precaria.
Y es precisamente en tiempos de crisis cuando la cooperación mundial se
hace imprescindible.
El
comercio sigue siendo uno de los más importantes motores del crecimiento
nacional, regional y mundial.
La
experiencia de muchos países, particularmente en Asia, ha confirmado la
importancia del comercio para el crecimiento mundial. Fueron, después de todo, las economías
asiáticas las que abanderaron el crecimiento mundial tras la crisis de 2008, al
mantener sus mercados abiertos y utilizar el comercio como instrumento de
política para la recuperación.
Las
medidas de signo contrario — cerrar los mercados, erigir obstáculos y fomentar
el proteccionismo — podrían haber tenido un efecto radicalmente diferente.
Ahora
hemos pasado de una crisis financiera a una crisis de crecimiento. Muchas economías no están creciendo a un
ritmo suficiente para lograr el saneamiento de las finanzas públicas que
necesitan para reducir el alto desempleo.
Sin embargo, el proteccionismo no es la respuesta a estos problemas del
crecimiento mundial que sufrimos colectivamente.
1.
Proteccionismo
Durante
la visita que hizo en octubre a Chengdu, la capital de la provincia de Sichuan,
en el sudoeste de China, el Director General de la OMC, Pascal Lamy, subrayó el
papel que cumple la OMC al impedir que cobren fuerza las tendencias
proteccionistas. Según afirmó, tendremos
que estar “alerta”, ya que “ésta es la principal tarea de la OMC”.
Las
posturas de encerrarse en sí mismo y las tendencias aislacionistas pueden ser
la reacción visceral al período de turbulencias que estamos viviendo. En una crisis alimentaria, los países pueden
tratar de asegurarse de que disponga de alimentos su población únicamente. En una crisis laboral, la principal prioridad
puede ser asegurarse de que en el propio país se pierda el menor número de
empleos. Estas reacciones son
comprensibles, pero no siempre son las mejores, ni desde una perspectiva
económica ni desde la perspectiva de la cooperación global.
Aunque
podemos estar orgullosos de que los actuales instrumentos del comercio internacional
y los procesos de transparencia han constituido un importante mecanismo
preventivo contra la generalización del proteccionismo, es evidente que tenemos
que construir un sistema global de comercio más fuerte para hacer frente a los
retos que se avecinan. Nuestro sistema
de normas está cada vez más anticuado, pero nuestros Miembros tienen la llave
para concertar acuerdos capaces de inyectar crecimiento; por ello, renovar el compromiso con las
negociaciones multilaterales sobre el PDD es una condición sine qua non para
seguir avanzando.
La
evolución del proteccionismo desde que comenzó la crisis ha sido irregular,
pero presenta tendencias preocupantes. A
finales de 2008 la OMC estableció un sistema de vigilancia de las medidas
comerciales adoptadas durante la crisis.
Aunque se constató el establecimiento de nuevos aranceles, obstáculos no
arancelarios y medidas comerciales correctivas nuevas (en particular, derechos
antidumping), la mayoría de los Miembros lograron evitar los impulsos
proteccionistas. Los posteriores
informes de vigilancia comercial, de 2009 y 2010, así lo confirmaron.
Sin
embargo, en los últimos seis meses han surgido algunas tendencias preocupantes,
especialmente en miembros del G-20. El
reciente informe de la OMC sobre las medidas comerciales del G-20, de octubre
de 2011, mostró que había una menor contención en la adopción de nuevas medidas
de restricción del comercio y una menor determinación a la hora de eliminar las
existentes.
El
informe señala que cunde la impresión de que en algunas partes del mundo el
proteccionismo está ganando terreno como reacción política ante las
dificultades económicas que actualmente se están padeciendo. Esas dificultades
son con frecuencia el resultado de las fluctuaciones cambiarias y de los
desequilibrios macroeconómicos, que son
problemas que las restricciones del comercio no (necesariamente) pueden
resolver. El proteccionismo menoscabará
el crecimiento mundial y perpetuará actividades económicas no competitivas. Es evidente que hemos de hacer frente a
cualquier repunte del proteccionismo, en especial porque son las medidas
internas los instrumentos que se están prefiriendo.
Lo
preocupante a este respecto es que las normas multilaterales que rigen esas
esferas están menos desarrolladas que las que regulan las prácticas seguidas en
la frontera, lo que da lugar a una transparencia ligeramente más “opaca”. Las restricciones del comercio tradicionales,
aplicadas en la frontera, también deben seguir siendo vigiladas. Dado que el 40 por ciento del comercio
mundial es intraempresarial, y que las distintas partes de un mismo producto se
fabrican y montan en diferentes países, las restricciones en un país pueden
afectar a la relación costo-eficiencia del conjunto de la cadena de suministro.
Es
preciso actuar de manera coordinada para hacer frente a esos problemas
estructurales que subyacen a la persistencia del desempleo, el estancamiento
del crecimiento y la inestabilidad de los mercados financieros. El proteccionismo es sólo un remedio
provisional para un problema de más largo alcance.
A
este respecto, la OMC ha proporcionado tradicionalmente a los países un medio
para asumir compromisos y una póliza de seguro para garantizar la reforma de
las políticas y poner freno a las tendencias proteccionistas. La OMC facilita las normas que ayudan a los
países a limitar las políticas de egoísmo nacional, y proporciona un mecanismo
— el Órgano de Solución de Diferencias — que vela por la cooperación. Una de las mejores formas de reforzar ese
papel es actualizar el sistema de normas de la OMC. Dieciséis años después de la conclusión de la
Ronda Uruguay, esas normas mundiales necesitan imperiosamente una puesta al
día.
2.
OMC/PDD
Todos
sabemos que el PDD se encuentra ya desde hace algún tiempo en una situación de
estancamiento. Hay muchas razones que lo
explican, pero esta situación confirma dos puntos: que el comercio no es, en modo alguno, inmune
a las transformaciones de la realidad geopolítica acaecidas en los últimos diez
años, y que esta parálisis de la función de negociación de la OMC restringe la
capacidad de la Organización para adaptarse y adecuarse a prioridades
emergentes del comercio mundial que los países no pueden — y en algunos casos
no deben — tratar de resolver mediante acuerdos bilaterales o regionales. Cada día que pasa sin que los Miembros
encuentren una forma de avanzar en las negociaciones para dar más acceso a los
mercados, perfeccionar las normas vigentes y establecer nuevas
reglamentaciones, se abre la puerta a posibles presiones proteccionistas.
Ciertamente,
la OMC no es sólo un órgano de negociación, pero un bloqueo prolongado de la
función legislativa y normativa de la Organización acabará por afectar a la
eficiencia de los sistemas de vigilancia y de solución de diferencias: dos aspectos de la labor de la OMC que son
esenciales para poner freno al proteccionismo.
Además, los elementos del debate han cambiado con el tiempo. Las sucesivas rondas de negociación han
conducido sistemáticamente a una reducción del papel de los aranceles y los
contingentes como restricciones al comercio libre y equitativo. Los debates se centran cada vez más en el
entorno normativo.
Estas
y otras cuestiones formarán el núcleo del debate de los Ministros en la Octava
Conferencia Ministerial que se celebrará en Ginebra en diciembre. El tema de la ministerial será “La OMC, una
organización que cumple”. Es importante
que se perciba que la OMC avanza, aunque sea a pequeños pasos sucesivos. Como el Director General declaró en un
encuentro celebrado en Delhi el pasado mes de septiembre, “si vemos claramente
que es preciso resolver las cuestiones del Programa de Doha, de lo que se trata
es de lograr el coraje político y las medidas pragmáticas que llevarán a
nuestros Miembros a mantener una negociación franca”. Para seguir adelante, tenemos que hacer
avanzar las negociaciones en las esferas en que se pueden lograr progresos,
obtener resultados en cada una de ellas sucesivamente y tener una hoja de ruta
clara para abordar las cuestiones pendientes.
Se está fraguando un consenso en torno a la idea de que toda labor
futura debe hacerse sobre la base de los progresos logrados hasta la fecha, y
de que el desarrollo debe seguir siendo un elemento central en todo resultado
que se logre.
Los
Miembros no han renunciado a las negociaciones.
No han renunciado al multilateralismo.
La autarquía es una opción que no cabe contemplar. Sin embargo, quisiera hacer varias
observaciones sobre la manera en que colectivamente podemos seguir dando esos
pasos pequeños, pero importantes, para avanzar.
La
primera es una reafirmación de nuestro propósito. El desarrollo ha de seguir estando en el
centro de nuestra labor. Utilizar el
comercio como plataforma para promover un desarrollo sostenible, la reducción
de la pobreza y una mayor integración de los países en desarrollo en el sistema
multilateral de comercio es algo que está fuera de toda cuestión. Para los países en desarrollo, debe tratarse
menos de excepciones y exclusiones que de obtener los medios para utilizar el
comercio como instrumento para el desarrollo económico. Integrar la iniciativa de Ayuda para el
Comercio en el sistema multilateral de comercio ayudará a lograr este objetivo.
En
segundo lugar, nuestro compromiso renovado ha de venir acompañado de un
espíritu de pragmatismo y compromiso. La
flexibilidad no implica debilidad; al
contrario, es signo de resolución y de voluntad de lograr los beneficios
mundiales de alcanzar un acuerdo. Sin
embargo, también puede ser necesario que nos apartemos en cierta medida del
camino que hemos seguido para tratar de lograr un acuerdo sobre Doha. Sin dejar de respetar el todo único, hay
pasos más pequeños que podemos dar y que demostrarán progresos tangibles, como
los recientes avances en las negociaciones sobre la contratación pública (en
las que Hong Kong tiene una participación importante). Los progresos, por pequeños que sean,
inspiran confianza. Las cuestiones
de Doha ‑reducción de
aranceles, eliminación de las subvenciones a la pesca que distorsionan el
comercio, agilización de los trámites y reducción del costo de hacer negocios
mediante la facilitación del comercio, ampliación de las oportunidades para los
servicios, y otras muchas — siguen siendo pertinentes actualmente. Mirar a otro lado no las hará desaparecer de
la agenda internacional.
En
tercer lugar, el liderazgo político es un elemento importante a este
respecto. Los acuerdos comerciales se
negocian en Ginebra, pero se aplican a nivel interno. Se necesita un proceso constante de educación
e información sobre los efectos y los beneficios de los acuerdos
comerciales. Los líderes políticos y los
funcionarios encargados del comercio tienen la responsabilidad de hacer uso de
su capital político para cumplir ese objetivo.
En
cuarto lugar, es necesario ampliar el alcance del sistema mundial de
comercio. Es preciso completar la tarea
inacabada en relación con las crestas arancelarias y las subvenciones causantes
de distorsión, entre otras cuestiones, pero tenemos que dirigir nuestra
atención a los obstáculos no arancelarios y al entorno normativo del
comercio. Las normas internacionales son
instrumentos imprescindibles para promover la inocuidad y generar eficiencias,
pero la creciente proliferación de normas puede perjudicar al comercio, en
particular al sector empresarial. Una
cuestión conexa a la que me referiré más adelante es el riesgo de disparidad en
las reglamentaciones y fragmentación de los mercados, que ya se está materializando
a causa de la proliferación de marcos reglamentarios en los acuerdos
comerciales preferenciales concertados al margen de la OMC. Esta cuestión se puso de relieve en el
Informe sobre el Comercio Mundial 2011 de la OMC.
En
quinto lugar, nuestra reflexión sobre el comercio tiene que madurar para tener
más en cuenta el papel de las cadenas mundiales de valor. Así como el modelo mercantilista de Smith dio
paso al de la ventaja comparativa de Ricardo y éste al de las economías de
escala de Krugman, para comprender las nuevas dimensiones de unas cadenas
mundiales de suministro que están fragmentadas geográficamente y en las que
intervienen múltiples participantes, es necesario pasar de una teoría del
“comercio de mercancías” a un nuevo paradigma del “comercio de tareas”. Para
este fenómeno hemos acuñado la expresión “Hecho en el mundo”; más adelante trataré este punto con más
detalle.
En
sexto lugar, ¿qué hay de las “nuevas cuestiones” y de su efecto en las
políticas comerciales de los países? ¿Cómo pueden abordarse en el marco de las
normas de la OMC? Me refiero a las
políticas cambiarias, a las relativas al cambio climático, a las preocupaciones
medioambientales, a la cuestión de la seguridad alimentaria. Si las normas y
disciplinas no se actualizan y adecúan a las nuevas realidades del comercio,
hay riesgo de que se erosione la eficiencia del sistema.
¿Cómo
puede, entonces, la próxima Conferencia Ministerial abordar algunos de estos
puntos? Ha de identificar las esferas en
que los Miembros están dispuestos a continuar y concluir las negociaciones, así
como aquellas en que la resolución sigue siendo esquiva, y trazar un camino
para avanzar.
3.
ACPR
No
hay mejor lugar para hablar de los acuerdos comerciales preferenciales que Hong
Kong, China y esta región. El papel de
los acuerdos comerciales preferenciales en el sistema internacional es una
cuestión fundamental que merece ser examinada más de cerca. El Informe sobre el Comercio Mundial 2011 de
la OMC se centró en gran medida en la función y el efecto de estos
acuerdos. Anteriormente, el debate
giraba en torno a si los ACPR inducían el comercio o desviaban los intercambios
comerciales: si se trataba de estímulos
o de escollos. Es necesario, sin
embargo, elaborar un nuevo enfoque, basado en la complementariedad y la
compatibilidad, que englobe los distintos ángulos de lo que, en esencia, es un
sistema paralelo de nuevas normas internacionales del comercio que se están
elaborando fuera de la OMC.
En
su examen del volumen del comercio abarcado y no abarcado por los ACPR, la OMC
concluyó que sólo el 16 por ciento del comercio total se lleva a cabo con
carácter preferencial.
El
verdadero factor de desviación de los intercambios de estos acuerdos
comerciales regionales es, sin embargo, el “efecto reticular” que causa la
superposición de unos compromisos normativos que, en su mayor parte, exceden de
lo previsto en las normas de la OMC, así como la segmentación de los mercados a
que da lugar. En muchas esferas —
política de competencia, obstáculos técnicos al comercio, servicios, propiedad intelectual,
medidas en materia de inversiones-, las normas de los ACPR son más detalladas y
de más amplio alcance que las establecidas en la actual arquitectura jurídica
de la OMC. El resultado es que las
empresas, en especial las empresas del siglo XXI, que se caracterizan cada vez
con más frecuencia por las cadenas mundiales de producción y suministro, se
enfrentan a una compleja serie de disposiciones, reglamentaciones, normas y
compromisos diferentes. Para evitar una
maraña reglamentaria será necesario armonizar todos esos diferentes programas
normativos.
Lo
que nos lleva a la cuestión de la coherencia entre las normas comerciales
multilaterales y las preferenciales, y a la de si pueden incorporarse al
sistema multilateral de comercio algunas de las normas convenidas al nivel
bilateral o regional. Se han presentado
varios argumentos diferentes para lograr una mayor coherencia, como el hecho de
aumentar la transparencia, acelerar la apertura multilateral del comercio con
un programa normativo más ambicioso, aclarar las normas sustantivas de los ACPR
y los ACR en el marco jurídico de la OMC, y multilateralizar el regionalismo,
haciendo extensivos los arreglos preferenciales existentes a nuevos
participantes, de manera no discriminatoria
Una
transparencia efectiva y la identificación de las mejores prácticas puede dar
lugar a una mayor armonización entre los ACPR y el sistema multilateral de
comercio, de modo que los ACPR apoyen y contribuyan de manera eficaz al
programa del comercio internacional.
4.
El comercio de tareas y las cadenas mundiales de suministro
Una
esfera en que los ACPR aportan ciertamente un valor añadido creciente es el
establecimiento de cadenas regionales basadas en el concepto del “comercio de
tareas”. El comercio de tareas y la
subcontratación — es decir, el desarrollo de ventajas comparativas en las
tareas y los insumos de producción, más que en los sectores — está
revolucionando la estructura del comercio mundial, al generar redes de
producción internacionales que fomentan una integración más profunda.
El
comercio moderno abarca mercancías, servicios y tareas. El revolucionario progreso en las tecnologías
de la comunicación y la información, y el replanteamiento de conceptos
económicos tradicionales como el del “país de origen”, han dado lugar a la fragmentación
del proceso productivo y al advenimiento de la cadena mundial como una de las
principales plataformas para la integración de los países en desarrollo en el
sistema multilateral de comercio.
Estamos asistiendo al fenómeno de la producción mundial.
Actualmente,
los procesos de fabricación comprenden distintos componentes que están
dispersos en distintos países antes del acabado del producto en uno de ellos
para la exportación. Por lo tanto, el
hecho de atribuir todo el valor del producto al país desde el que se exporta al
consumidor final puede dar una idea exagerada de la importancia del comercio en
ese país.
Esta
fragmentación geográfica de la cadena del valor está en la base de lo que la
OMC ha denominado “Hecho en el mundo”.
Hay muchos ejemplos de esta noción de “Hecho en el mundo”: desde los iPods, que se montan en fábricas de
los cinco continentes, hasta los pantalones vaqueros, que se fabrican con
productos procedentes de países de todo el mundo. El consorcio Airbus, por ejemplo, pertenece
conjuntamente a empresas de cuatro países:
Francia, Alemania, el Reino Unido y España. Las alas proceden del Reino Unido, el
fuselaje y la cola de Alemania, las puertas de España, y la cabina y el montaje
se realizan en Francia. Hay más de 1.500
proveedores en 27 países.
A
una escala más pequeña, veamos lo que sucede con la muñeca Barbie. El diseño y los moldes se hacen en los
Estados Unidos, el refino del petróleo para obtener etileno, en el Taipei
Chino, el pelo en el Japón, la ropa en China y el montaje, en Indonesia y
Malasia. Y, ¿qué sucede con lo que
solemos llamar un automóvil “americano”?
El 30 por ciento del valor corresponde a Corea por el montaje, el 17,5
al Japón por los componentes, el 7,5 por ciento a Alemania por el diseño, el 4
por ciento al Taipei Chino y a Singapur por los pequeños componentes, el 2,5
por ciento al Reino Unido por servicios de comercialización y el 1,5 por ciento
a Irlanda y Barbados por el procesamiento de datos. En un automóvil “americano” se genera en los
Estados Unidos el 37 por ciento del valor de producción.
Actualmente,
el comercio internacional es inseparable de las redes mundiales de producción,
y en este nuevo contexto del comercio de tareas y de la noción de “Hecho en el
mundo”, la OMC está abanderando la elaboración de una nueva forma de medición
de las corrientes comerciales, basada en el valor añadido. Estamos trabajando conjuntamente con otros
asociados para establecer los conjuntos de datos necesarios y definir la
metodología. Disponer de una medida más
exacta del valor de las transacciones y las corrientes comerciales será un
elemento importante para mantener un diálogo nacional e internacional sobre el
papel del comercio en el crecimiento y el desarrollo que esté asentado sobre
una base fáctica más sólida.
La
reciente colaboración entre la OMC y el Instituto de Desarrollo Económico —
Organización de Comercio Exterior del Japón (IDE-JETRO) para la publicación
“Pautas del comercio y cadenas de valor globales en Asia Oriental: del comercio de mercancías al comercio de
tareas”, se centró en el papel que esas cadenas de valor regionales y mundiales
y el comercio de tareas han tenido en el crecimiento del “Asia Industrial”.
La
formación y evolución de estas redes de producción ha favorecido el crecimiento
económico y el empleo en Asia, y hemos deducido que esas cadenas de valor y esa
fabricación globalizada han generado oportunidades de empleo, con importantes
repercusiones en los territorios nacionales y en las regiones. El comercio de bienes y servicios intermedios
ha alentado la especialización de las empresas dentro de cada economía y entre
las distintas economías, dando lugar a un “comercio de tareas”.
El
Asia Industrial se basa en la especialización de cada eslabón de la cadena de
producción en determinadas operaciones y competencias, en función de las
ventajas comparativas. Y este sistema ha
dado fruto. Las distintas economías
están más interrelacionadas y la redistribución de funciones y tareas en la
cadena regional de suministro de Asia ha dado lugar a que, en menos de 20 años,
algunas economías emergentes, como Viet Nam, y PMA, como Camboya, se hayan
convertido en fabricantes importantes.
5.
Ayuda para el Comercio
Lamentablemente,
la historia nos enseña que no todos los países han podido beneficiarse de esas
oportunidades para el crecimiento y el desarrollo que el comercio internacional
puede ofrecer. El programa de Ayuda para
el Comercio, una iniciativa mundial encabezada por la OMC, se puso en marcha
aquí en Hong Kong, en la Sexta Conferencia Ministerial, celebrada en 2005, para
ayudar a los países en desarrollo, en particular a los PMA, a crear la
capacidad de oferta y la infraestructura relacionada con el comercio necesarias
para poder aplicar los Acuerdos de la OMC y beneficiarse de ellos y, más en
general, para aumentar su comercio.
Una
de las principales funciones de la iniciativa de Ayuda para el Comercio es
servir de puente entre la demanda y la oferta de creación de capacidad
relacionada con el comercio. El papel de
la OMC consiste en dirigir la atención hacia este debate y en vigilar la
aplicación de la ayuda para el comercio.
Los exámenes globales nos permiten asegurar esa vigilancia, y, desde el
comienzo de la iniciativa en 2005, se han llevado a cabo tres.
El
tercer Examen Global tuvo lugar en julio de este año y contó con la
contribución del Secretario General de las Naciones Unidas, de los Presidentes
del Banco Mundial y de Bancos Regionales de Desarrollo, y de un gran número de
Ministros de países desarrollados y países en desarrollo, altos directivos del
sector privado y la sociedad civil.
El
examen se centró en los efectos y los resultados — era necesario mostrar cómo
estaba funcionando la ayuda para el comercio y cómo podría funcionar mejor para
promover el crecimiento, el desarrollo y la reducción de la pobreza-. Se está ultimando en Ginebra un programa de
trabajo para el próximo bienio, que se centrará en “profundizar la coherencia”
entre la capacidad de ayuda para el comercio y otras políticas sectoriales en
las que el comercio es un componente importante, como las políticas en materia
de seguridad alimentaria, propiedad intelectual, integración regional y cambio
climático.
6.
El sector privado
El
sector privado es un elemento central en la Ayuda para el comercio, ya sea como
proveedor de creación de capacidad relacionada con el comercio o como
beneficiario de la Ayuda para el comercio.
Con la proliferación de las cadenas mundiales de suministro, surgen aún
más oportunidades para que la participación del sector privado tenga un efecto
real y sostenible en el desarrollo.
Es
evidente que el sector privado está yendo más allá de la filantropía
empresarial en tanto que elemento del programa de responsabilidad social de una
empresa. Cada vez con más frecuencia, la
responsabilidad social de las empresas tiene por motivo y por meta la obtención
de un beneficio. Esto no es algo que
haya de evitarse. El comercio y la
política comercial ofrecen a la comunidad empresarial importantes oportunidades
para intervenir a mediano y largo plazo, y de contribuir tanto al crecimiento
como a la cuenta de resultados.
En
el tercer Examen Global mencionamos varias empresas que estaban llevando a cabo
actividades de creación de capacidad en el marco de sus inversiones en nuevas
cadenas de valor. Walmart, por ejemplo,
manifestó su interés por cooperar más con los organismos para el desarrollo con
el fin de ampliar la escala de su importante labor de desarrollo de nuevos
proveedores en nuevos mercados; Danone presentó un fondo especial llamado
“Ecosystem” que tiene por fin establecer una relación más estrecha con los
tejidos económico y social de los países en los que opera; y Sae-A Trading Co., Ltd. expuso con detalle
las inversiones en infraestructura que está llevando a cabo en Haití.
Pero,
¿por qué habría una empresa multinacional de participar en asociaciones con
gobiernos para llevar a cabo actividades de creación de capacidad relacionada
con el comercio? ¿De qué forma puede eso
contribuir al crecimiento mundial?
Galvanizar
la participación de empresas privadas a lo largo de toda la cadena del valor,
con objeto de que amplíen su red de proveedores invirtiendo en la capacidad y
la competitividad de los productores, es una contribución importante al
crecimiento mundial y al desarrollo de la capacidad a lo largo de toda esa
cadena. Las empresas del sector privado,
principalmente las multinacionales, tienen una dimensión y una capacidad de
penetración en el mercado que resulta imposible de alcanzar para muchos
pequeños proveedores. Asociarse con esos
productores y comerciantes en los países en desarrollo, ayudarlos a mejorar sus
técnicas de producción y a aumentar sus conocimientos sobre el mercado, y
transferirles conocimientos técnico-prácticos, es fundamental para que puedan
ascender en la cadena del valor.
A
largo plazo, para lograr un crecimiento económico sostenido es necesario el
progreso tecnológico. La transferencia
de tecnología y conocimientos permite a las empresas producir bienes y
servicios más eficientes y respetuosos del medio ambiente, proporciona una
plataforma para pasar de la producción primaria a procesos de mayor valor
añadido y conduce al desarrollo del capital intelectual y social de una rama de
producción. Un sector privado fuerte,
con empresas que tengan departamentos de investigación y desarrollo y generen
innovaciones tecnológicas, puede contribuir a aumentar la productividad de los
países en desarrollo. El aumento de la
productividad da lugar a un aumento de ingresos y a un aumento de la demanda de
bienes y servicios. Las empresas
encontrarán en el beneficio un motivo importante para participar en este
esfuerzo, creando nuevos clientes y nuevas oportunidades.
Junto
con el papel que la comunidad empresarial puede cumplir transfiriendo
conocimientos y tecnología, el comercio también es un elemento esencial de la
ecuación. Las importaciones pueden
comportar una transferencia de tecnología.
La competencia con las importaciones puede impulsar la innovación
nacional y la modernización de la tecnología, y muchas empresas pueden aprender
exportando. Entre las externalidades que
se derivarán de este “aprender haciendo” figuran la difusión de conocimientos entre
empresas y el enriquecimiento del capital humano por el desarrollo de
aptitudes.
Cuando
la OMC dialoga con el sector privado hay siempre una serie de cuestiones que se
plantean como prioritarias, sea cual sea el tamaño de la empresa, el alcance de
sus operaciones y el saldo de la cuenta bancaria de la organización, a
saber: disponer de normas y reglamentos
más transparentes y previsibles, de una infraestructura eficaz y eficiente en
los países y las regiones que haga posible el comercio de bienes y servicios,
de un suministro fiable de energía y de comunicaciones, y de procedimientos de
aduana y trámites administrativos simplificados.
Todo
ello es indispensable para que una empresa comercie competitivamente y para que
los bienes y servicios puedan llegar al consumidor a un precio, en un plazo y
con una calidad razonables. El precio de
un producto para el consumidor, o el de un insumo del ciclo de producción,
puede multiplicarse por diez entre la frontera y su destino cuando los trámites
administrativos son gravosos, las normas técnicas se superponen, los derechos y
cargas son excesivos y la infraestructura de transporte es poco fiable.
Gobiernos
y empresas han de colaborar en estos campos para reducir el costo de hacer
negocios. Las asociaciones entre
fabricantes, proveedores de servicios empresariales, empresas de logística
internacional y gobiernos pueden hacer una gran contribución al aumento de la
competitividad.
Conclusión
Espero
haber arrojado hoy algo de luz sobre las difíciles cuestiones que figuran
actualmente en la agenda del comercio internacional, pero también sobre algunas
de las soluciones para hacer frente a esas realidades. ¿Qué papel puede cumplir Hong Kong, China en
este esfuerzo?
Hong
Kong ha sido siempre un firme partidario del sistema multilateral de
comercio. La influencia de Hong Kong en
el sistema se debe a que predica con el ejemplo. La contribución de Hong Kong a las
negociaciones sobre la contratación pública, los debates sobre la facilitación
del comercio y las conversaciones sobre los servicios ha sido indispensable
para lograr los progresos que hemos presenciado.
La
integración en las cadenas mundiales de valor es un aspecto importante del
desarrollo de Hong Kong, China. La
iniciativa “Hecho en el mundo” de la OMC ayudará a Hong Kong a vigilar y medir
mejor su contribución a la adición de valor y a la competitividad, y espero que
podamos encontrar oportunidades para trabajar con la universidad y seguir
afinando y concretando esta metodología.
En
conclusión, el multilateralismo encara tiempos difíciles. Hemos identificado los problemas. El siguiente paso es hacerles frente de
consuno.
Muchas
gracias por su amable atención.